
Llegan las fiestas del pueblo y, con ellas, una mezcla de ilusión y preocupación para muchas familias.
Tu hijo o hija quiere salir con sus amistades, volver más tarde y disfrutar de esa libertad que empieza a reclamar. Tú quieres confiar, pero también sabes que puede encontrarse con alcohol, presión del grupo y situaciones para las que quizá todavía no está preparado.
Y aparecen las preguntas:
¿Le estaré dando demasiada libertad?
¿Debería controlar más?
¿Y si bebe porque todos los demás lo hacen?
¿Y si ocurre algo y no se atreve a llamarme?
Si estás sintiendo todo esto, no significa que desconfíes de tu hijo ni que estés exagerando. Significa que eres consciente de que la adolescencia es una etapa de aprendizaje y que algunas decisiones pueden tener consecuencias importantes.
No existe una conversación que garantice que nunca beberá. Tampoco puedes acompañarlo durante toda la noche ni evitar todas las situaciones de riesgo.
Pero sí puedes hacer algo fundamental: prepararlo antes de que tenga que decidir.
El alcohol sigue estando muy presente en la adolescencia
Aunque los últimos datos muestran una reducción del consumo, el alcohol continúa siendo la sustancia psicoactiva más consumida entre estudiantes de 14 a 18 años en España.
Según la encuesta ESTUDES 2025 del Plan Nacional sobre Drogas, el 73,9 % reconoce haber bebido alguna vez y el 51,8 % lo hizo durante el último mes.
La edad media de inicio se mantiene en los 13,9 años. Además, un 17,2 % declara haberse emborrachado durante los últimos 30 días y un 24,7 % haber realizado un consumo intensivo o en atracón.
Los datos han mejorado, y eso es positivo. Pero siguen mostrándonos que la conversación sobre el alcohol debe comenzar antes de que pensemos que “ya llegará el momento”.
Porque, con frecuencia, el momento llega en una fiesta, una peña, un parque o una plaza, rodeado de amistades y sin una persona adulta cerca.
Prevenir no significa controlar cada paso
Cuando sentimos miedo, es fácil confundir prevención con vigilancia.
Queremos comprobar constantemente dónde está, con quién está y qué está haciendo. A veces pensamos que, si controlamos lo suficiente, podremos impedir que ocurra algo.
Sin embargo, ningún control sustituye a una relación en la que el adolescente pueda hablar, preguntar, reconocer un error o pedir ayuda.
Prevenir no es mirar su móvil a escondidas ni hacerle una videollamada cada hora para comprobar su estado.
Prevenir es combinar tres elementos:
- Una comunicación abierta.
- Unos límites claros y coherentes.
- Una red de seguridad por si algo se complica.
La confianza no significa permitirlo todo. Y poner límites tampoco significa dejar de confiar.
1. Habla antes de la fiesta, no cuando ya está saliendo por la puerta

Las conversaciones importantes necesitan tiempo.
Si comienzas a hablar del alcohol cinco minutos antes de que salga, probablemente recibirá el mensaje como una advertencia, un reproche o un intento de impedirle disfrutar.
Busca otro momento, sin prisas y sin convertir la conversación en un interrogatorio.
Puedes comenzar de una manera sencilla:
“Sé que en las fiestas puede aparecer el alcohol y me gustaría saber cómo lo ves tú”.
Esta pregunta abre más puertas que un discurso de veinte minutos sobre todo lo que podría salir mal.
El objetivo no es demostrarle cuánto sabes, sino descubrir qué piensa, qué sabe y qué situaciones cree que puede encontrarse.
2. Escucha sin juzgar inmediatamente
Tu hijo puede decirte que algunas personas de su grupo beben, que le han ofrecido alcohol o que alguna vez ha sentido curiosidad.
Escucharlo puede incomodarte. Pero si reaccionas con gritos, amenazas o una prohibición inmediata, quizá la próxima vez decida no contártelo.
Escuchar no significa aprobar.
Significa intentar comprender antes de responder.
Puedes preguntarle:
- ¿Qué suele pasar cuando alguien no quiere beber?
- ¿Crees que existe presión dentro del grupo?
- ¿Qué harías si una amistad bebiera demasiado?
- ¿Te resultaría difícil decir que no?
- ¿A quién llamarías si algo se complicara?
Estas preguntas ayudan a desarrollar criterio propio, algo mucho más útil que limitarse a repetir “porque lo digo yo”.
3. Expresa tu posición con claridad
Hablar con cercanía no obliga a ser ambiguo.
En menores de edad, la recomendación es evitar el consumo de alcohol. Su organismo todavía está desarrollándose y los riesgos pueden ser mayores. El propio Ministerio de Sanidad señala que las personas menores de 18 años no deberían consumir alcohol.
Puedes decirlo de forma clara y tranquila:
“No quiero que bebas. No es porque piense que eres irresponsable, sino porque todavía eres menor y mi responsabilidad es protegerte”.
No necesitas exagerar ni presentar una única copa como el principio inevitable de una adicción.
Los mensajes alarmistas pierden credibilidad. La información honesta, adaptada a su edad y acompañada de razones comprensibles, tiene más posibilidades de ser escuchada.
4. Preparad cómo responder ante la presión del grupo
Decir “simplemente que diga que no” parece fácil desde fuera.
Pero negarse cuando todo el grupo insiste puede resultar difícil. La necesidad de pertenecer y no sentirse diferente tiene un peso enorme durante la adolescencia.
Por eso puede ayudar ensayar respuestas sencillas:
- “No me apetece”.
- “Paso, estoy bien así”.
- “No quiero tener problemas al volver”.
- “Mañana tengo planes y no quiero encontrarme mal”.
- “No necesito beber para pasarlo bien”.
No es necesario dar una explicación larga. Cuanto más natural sea la respuesta, más fácil será utilizarla.
También podéis acordar una palabra o mensaje breve que pueda enviarte si necesita que lo llames o vayas a buscarlo sin tener que explicarlo delante de sus amistades.
5. Acordad el plan de la noche
Antes de salir, conviene tener claros algunos puntos:
- Con quién estará.
- En qué lugares piensa estar.
- A qué hora volverá.
- Cómo regresará a casa.
- Qué hará si se separa del grupo.
- A quién llamará si necesita ayuda.
No hace falta conocer cada movimiento. Se trata de establecer un marco razonable de seguridad.
El horario también debe adaptarse a su edad, grado de autonomía y capacidad para cumplir acuerdos anteriores. No todas las familias ni todos los adolescentes necesitan exactamente las mismas normas.
Lo importante es que el acuerdo sea claro y no cambie según el humor del momento.
6. Establece límites y consecuencias proporcionadas
Los límites protegen cuando son comprensibles, coherentes y conocidos de antemano.
Si se incumple un horario o una norma, puede haber consecuencias. Pero es mejor acordarlas previamente que decidirlas desde el enfado.
Una consecuencia debe guardar relación con lo ocurrido, ser proporcionada y permitir recuperar la confianza.
No se trata de humillar, amenazar ni retirar toda libertad indefinidamente.
También es importante reconocer cuando cumple los acuerdos. A veces las familias hablamos mucho cuando algo sale mal y muy poco cuando el adolescente demuestra responsabilidad.
La confianza también se construye diciendo:
“Gracias por avisarme”.
“Has cumplido lo que hablamos”.
“Esto me demuestra que puedo darte más autonomía”.
7. Haz un pacto de seguridad: puede llamarte
Esta puede ser la parte más importante de toda la conversación.
Tu hijo debe saber que, si él o alguien de su grupo se encuentra mal, puede llamarte.
Incluso si ha incumplido una norma.
Incluso si ha bebido.
Incluso si teme que te enfades.
Puedes dejarle claro que primero resolveréis la situación y después, cuando esté seguro y en condiciones de hablar, abordaréis lo ocurrido.
Esto no elimina los límites ni las consecuencias. Evita que el miedo al castigo le lleve a ocultar una situación peligrosa.
Una frase sencilla puede marcar la diferencia:
“Si alguna vez estás en una situación que no sabes manejar, llámame. Primero voy a ayudarte. Después hablaremos”.
8. Asegurad una forma segura de volver
Debe saber que nunca tiene que subir a un vehículo conducido por alguien que haya bebido o consumido otras sustancias.
Aunque sea una persona conocida.
Aunque diga que “está perfectamente”.
Aunque parezca que el trayecto es corto.
Dejad acordadas alternativas: recogerlo, llamar a otro familiar, utilizar un taxi autorizado o permanecer en un lugar seguro hasta encontrar una solución.
También conviene hablar de no abandonar a una amistad que se encuentre desorientada o con un nivel de conciencia reducido. En una emergencia, lo adecuado es permanecer acompañado y llamar al 112.
9. Coordínate con otras familias
Hablar con las familias de sus amistades no significa organizar una operación de vigilancia.
Significa comprobar que manejáis información parecida sobre horarios, lugares y forma de regreso.
Cuando las normas de varias familias son razonablemente coherentes, disminuye el argumento de “a todo el mundo le dejan”.
Esta coordinación también ayuda a responder si surge una situación imprevista y permite que haya más personas adultas disponibles.
10. Da ejemplo con tu propia relación con el alcohol
Los adolescentes no solo escuchan lo que decimos. También observan lo que hacemos.
Si el alcohol aparece en todas las celebraciones, se utiliza para gestionar el estrés o se presenta como imprescindible para divertirse, el mensaje preventivo pierde fuerza.
No se trata de que las personas adultas finjan una realidad perfecta. Se trata de revisar qué normalizamos en casa.
Hablar con honestidad sobre el consumo, no animar a probar alcohol y no reír determinadas borracheras familiares también educa.
¿Qué hago si mi hijo vuelve habiendo bebido?
Descubrir que ha bebido puede generar miedo, enfado y decepción. Pero ese momento no es el adecuado para iniciar una discusión.
Primero comprueba su estado.
Si está muy confuso, no responde con normalidad, presenta vómitos repetidos, dificultad para mantenerse consciente, problemas respiratorios, convulsiones o un comportamiento extraño que no corresponde con lo que dice haber bebido, llama al 112 y sigue sus indicaciones.
No lo dejes solo si su estado te preocupa.
Cuando esté seguro, descansado y completamente despejado, podréis hablar.
Intenta centrar la conversación en lo sucedido:
- Qué tomó y en qué cantidad.
- Qué le llevó a hacerlo.
- Si hubo presión del grupo.
- Si perdió el control.
- Cómo se sintió.
- Qué podría hacer de otra manera la próxima vez.
Evita las etiquetas: “eres un irresponsable”, “no puedo confiar nunca en ti” o “vas a terminar mal”.
Habla de la conducta, de sus riesgos y de las consecuencias, sin convertir el error en una definición de quién es.
¿Cuándo deja de ser una situación puntual?
Haber bebido una vez no permite diagnosticar una adicción. Pero tampoco conviene minimizar patrones que se repiten.
Presta atención si aparecen varias de estas señales:
- Borracheras repetidas.
- Mentiras frecuentes sobre dónde ha estado o cuánto ha bebido.
- Incumplimiento continuado de horarios y acuerdos.
- Cambios bruscos de comportamiento o amistades.
- Descenso del rendimiento académico.
- Pérdida de interés por actividades anteriores.
- Necesidad de dinero sin una explicación clara.
- Consumo de alcohol junto con otras sustancias.
- Problemas familiares, sociales o escolares relacionados con el consumo.
- Incapacidad para divertirse o relacionarse sin beber.
Estas señales no deben utilizarse para acusar ni para espiar, sino para reconocer que quizá la familia necesita orientación profesional.
Pedir ayuda pronto no significa exagerar. Significa no esperar a que el problema crezca.
Tú también puedes pedir orientación como padre o madre
Acompañar a un adolescente no siempre es fácil.
Puedes sentir que cualquier decisión será equivocada: si controlas, temes alejarlo; si confías, temes estar siendo demasiado permisivo.
No necesitas hacerlo todo perfecto.
Necesitas mantener abierta la comunicación, sostener límites coherentes y pedir apoyo cuando no sabes cómo actuar.
En GRUTEAR acompañamos tanto a las personas que presentan problemas con el alcohol u otras adicciones como a sus familias. También puedes pedir orientación aunque tu hijo todavía no reconozca el problema o aunque tú no tengas claro si realmente existe.
A veces, pedir ayuda no es el último recurso.
Es la manera de evitar que tengamos que llegar hasta allí.
GRUTEAR – Grupo de Terapia Antiadicciones Rehabilitadora
WhatsApp: 640 74 87 76
Atención en Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz y Meco.
Preguntas frecuentes
¿Cómo puedo hablar con mi hijo adolescente sobre el alcohol?
Elige un momento tranquilo, pregunta primero qué piensa y escucha antes de responder. Expresa con claridad que no quieres que beba, explica tus razones y acuerda qué puede hacer si siente presión o necesita ayuda.
¿Debo castigar a mi hijo si bebe alcohol?
Es preferible aplicar consecuencias previamente acordadas, proporcionadas y relacionadas con lo ocurrido. Antes de decidirlas, escucha qué pasó y asegúrate de que comprende el riesgo. Humillar o amenazar puede dificultar que vuelva a pedir ayuda.
¿Qué puedo hacer si todos sus amigos beben?
No puedes controlar las decisiones de todo el grupo, pero sí ayudarle a preparar respuestas, reforzar su criterio, acordar una salida segura y coordinarte con otras familias.
¿Cuándo debería pedir ayuda profesional?
Cuando el consumo se repite, aparecen borracheras, mentiras, cambios importantes de comportamiento, problemas escolares o familiares, mezcla de sustancias o pérdida de control. También puedes consultar simplemente porque no sabes cómo abordar la situación.
¿GRUTEAR acompaña también a las familias?
Sí. GRUTEAR ofrece orientación y acompañamiento a familiares de personas con problemas de alcoholismo, ludopatía y otras adicciones en Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz y Meco.
